Heridas fundamentales en la Infancia

En alguna relación interpersonal, o en algún contexto o ambiente que frecuentábamos en nuestra infancia se han generado heridas. Esto suele ser así, y nos conviene hacernos cargo de esto.

Al ser un niño o una niña, se es un ser vulnerable y dependiente del adulto. El objetivo que más necesita alcanzar u obtener el ser humano, en términos psicológicos, es el de sentirse aceptado y querido en los diferentes grupos que va viviendo, partiendo por la familia.

Si al niño se le hace sentir que esto no es así y que depende de sus acciones, y no por el hecho de ser, o por malas interpretaciones del niño sobre el adulto, se van generando heridas psicológicas internas, que el niño, normalmente, no sabe cómo sanarlas.

El niño o niña, un ser tan sensible y luminoso, confía en sus adultos, y comienza a creer que el rechazo es su propia culpa.

El Diálogo Interno

Tal vez, no te acuerdas, pero eso fue en realidad bastante doloroso, lamentablemente. Es tanta la ansiedad, que en esa temprana época decidimos dejar el contacto con nuestro cuerpo y mundo interno, y nos conectamos con la mente.

Esto lo hicimos para lograr comprender mejor lo que nos exigía el mundo adulto, para no ser rechazados, y así ser aceptados. Con esto perdimos buena parte de nuestra espontaneidad y luminosidad. Este es el paso fundamental para comenzar a identificarnos con nuestro ego y comenzar a enterrar de a poco nuestra Esencia.

Sin ir más lejos, a este movimiento se le podría llamar la caída del ser humano.

Empezamos ahora a vivir la vida en un porcentaje altísimo, en el dialogo interno. Esto es la rumiación mental. El dialogo interno es nuestra cárcel.

Aprender a Para el Mundo

Es nuestra cárcel porque la mayoría de nuestros problemas se generan acá y no en el mundo externo. Por lo tanto, ¡esto hace que sea fundamental conocer nuestro dialogo interno y no identificarnos con eso!

Ya lo dijeron. Hay que aprender a parar el mundo. Es decir, para escapar de la cárcel, hay que conocerla bien. Con este mapa saldremos de allí.

Al salir del dialogo interno, empezamos a llevar nuestra atención a nuestro mundo interno. Allí está el presente, allí está la realidad. Lo del diálogo es fantasía y es letal.

Esto requiere práctica, ya que estar enchufados al diálogo interno es el hábito más fuerte que tenemos.

El desarrollo personal y el encuentro con la felicidad se van dando en este tipo de entrenamiento.